La Soga del Alma


EL CAMINO DE LA SOGA DEL ALMA

AYAHUASCA

INTRO

Tal vez lo más real que nos pueda suceder es la experiencia interior, sumergirnos en el vasto infinito interior y comprobar que es tan extenso que parece no poseer límites y que interior y exterior parecen unirse sin limitación alguna.

Afrontar nuestro estado actual con la perspectiva reduccionista de nuestra sociedad y de nuestros propios sentidos, nos arroja a vivir en una sociedad viciada por creencias erróneas que a su vez generan realidades erróneas. En una sociedad así nuestra búsqueda de una experiencia con la soga del alma lo que busca es una vivencia mediatizada, esperada, predispuesta, corroborada y sin ninguna trascendencia. La experiencia simple, de moda o turística y no sus posibles consecuencias y descubrimientos vitales, positivos o no, pasa a ser el principal atractivo.

Y es que no existe camino interior donde no podamos asómbranos de nuestra propia barbarie, pero no por ello debemos dejar de buscar en nuestro interior y enfrentar lo que encontramos o tal vez abrazar y transformarlo en un encuentro más nutritivo para nuestra sabiduría interior. Ya de esta forma estamos empezando a reconocer nuestras posibilidades tantos positivas como negativas, así como las limitaciones y aquellos espejismos construidos por pura defensas.

La experiencia con la soga del alma o ayahuasca pasa a ser un paso sobre la des-construcción de la realidad primaria que sostiene, de alguna manera, nuestras posibilidades, digamos por ejemplo, de sanación pero que para sostener nuestras estructuras aparentemente sanas hemos logrado un inestable equilibrio con las enfermedades. De hecho pareciera que en nuestra realidad social no existe un individuo sano, hablando del plano simplemente físico, pero si sumamos a esto el plano mental, nadie se salva de esta regla. Son normales en nuestra sociedad las alergias, dolores de todos tipos, estados gripales, gastritis, colitis, contracciones musculares, mala nutrición, problemas metabólicos, estrés, infecciones, gripes, depresión, etc. La norma entonces es tomar medicamentos, como en una sociedad enferma se necesita de pastillas para levantarse, acostarse, dormir, caminar, digerir, pensar, no pensar, temer, no temer, para el sexo, pero también para el exceso de sexo, para la juventud, para la edad media y para la menopausia y la andropenia, para la vejez comenzando o para el comienzo de la vida, para la vida y hasta para el bien morir se han inventado las drogas. De hecho nuestro equilibrio biológico parece derivarse de un laboratorio químico y no de nuestras posibilidades como organismo vivo. Y si hablamos de lo mental y emocional, cada detalle de mi comportamiento o de tu comportamiento, puede ser catalogado por un especialista dentro de algún síndrome de nombre impronunciable ni recordable y para ello también habrá una droga que lo evite o lo minimice al máximo, tanto que luego nadie te reconozca.

Como decía la des-construcción de la realidad pasa incluso por renunciar a las características que la sociedad le ha puesto a las experiencias míticas y místicas. En el camino de la soga del alma o ayahuasca, se ha entretejido una maraña de ideas y artilugios que buscan banalizar la sanación y las posibilidades de reconstrucción que ofrece las plantas sagradas. A través de las reducciones de las posibilidades, se han mezclado las facilidades que aspira el hombre occidental, donde todo proceso es mirado con desden y se quiere resumir métodos ancestrales en talleres o seminarios de fines de semanas, en conocimientos y caminos que llevaban siglos practicados en secreto y con la mayor rigurosidad para alcanzar una nueva estructura mental-espiritual y por lo tanto otra realidad, lo han querido resumir en tres canalizaciones y cuatro sorbos de agua o pases mágicos, sin importar el proceso y la dedicación que pasarán a ser bagazo ya inservible ante la voracidad de los vendedores de garúes o en la mirada ávida del nuevo creyente. Así nos encontramos con las formas más adaptadas para estos fines de la soga del alma o ayahuasca, existe Ayahuasca para turismo, para curiosidad, para experiencia sin transformación o seguimiento, para la moda, etc.

El hecho es que la soga del alma, como muchas plantas sagradas, se mueve en las mismas ondas o frecuencias que el Universo lo hace, son herramientas decodificadoras de la realidad, elementos que despliegan información y a la vez lo contienen. Una planta sagrada es la forma en que el Universo, la Tierra, el Espíritu o cómo quieras llamar a la Consciencia del Universo almacena y despliega la información, más allá de cualquier ilusión o realidad. Es de esa forma que la Ayahuasca es almacén y a la vez contenido de información, funcionando como una llave a la vez en nuestro cerebro.

El cerebro humano es un órgano maravilloso, es una extraordinaria computadora, que trabaja tanto en forma lineal, en paralelo y en forma cuántica, pues hasta ahora podemos describir en forma química y anatómica como puede funcionar el mismo, pero no cómo realmente transforma los impulsos químicos y eléctricos en una interpretación de la realidad. Las plantas sagradas contienen químicos muy parecidos o iguales a los del cerebro, de hecho el Dr. Strassman en el libro “La Molécula del Espíritu” señala que el DMT, dimetiltriptamina, podría ser sintetizado dentro del cerebro, justo en la glándula pineal y sería responsable de los estados místicos, experiencias cercanas a la muerte, alucinaciones, telepatía y muchos fenómenos asociados a la interiorización. La Ayahuasca posee DMT, combinado con IMAO, que pueden químicamente alterar la percepción, la interiorización y nuestra propia experiencia individual en relación con un todo.

En mi experiencia, la química no es suficiente para explicar la capacidad de desplegar información en nuestro interior de la planta sagrada, pues cada grupo e individuo vive la experiencia de manera muy diferente y a niveles realmente distintos, aunque se tome de la misma preparación. Incluso las bebidas de las plantas preparadas en laboratorios carecen de la fuerza y efectos de las preparadas en las selvas o sus lugares de origen. Y más allá una ayahuasca preparada en la ciudad o de naturaleza meramente turística parece ofrecer como dicen algunos indígenas sólo el espíritu del perezoso y nunca la experiencia completa.

Una experiencia realmente sanadora se ofrece como un camino, un proceso preparatorio y uno de enfrentamiento con nuestra profunda barbarie pero también con nuestra infinita capacidad de sanar y navegar en el interior-exterior del cuerpo, universo y del espíritu. Ofrecer las posibilidades que de abrir las puertas de conexión de los dos mundos, uno material y el otro poblado de ideas, posibilidades, espíritus y formas en estado latentes, donde los valores pre-existentes de la materialidad no han podido, ni pueden, llegar a deformar nuestra percepción.

El camino preparatorio se explica por todos esos estudios, esos esfuerzos, que se hacen por abrir el ojo interior y buscar con afán la repuesta a preguntas, que parecen más unos Koanes que verdaderas interrogantes. Luego la primera parte: la experiencia de la barbarie. Existe una mezcla de plantas sagradas que parece vaciarte, comienza, luego de la experiencia, a brotar un enojo, un malestar, la sensación de vacuidad, las relaciones maltrechas parecen molestar más, la rabia, la crítica, etc. Y la reconocemos porque sale en forma de malestar o de algo que fastidia y anteriormente no parecía estar allí o al menos no tan visible. Podemos tener la sensación que la “purga” no salió y se quedó atascada en nuestro cuerpo.

Si el guía es abierto y sabe lo que hace, ofrecerá abrir el cielo para que el trabajo de des-construcción de la realidad se realice tomando como herramientas la visualización y el viaje con la soga al cielo. En una experiencia que va desde la incomodidad, la visualización, agudización de sentidos, la sensación que se pertenece a un Universo vibratorio, la experiencias con la Unidad, etc. se obtiene la experiencia sanadora que no será la única, pero si una de las más poderosa que ayudará a reconstruir nuestra realidad y nuestra forma de interactuar con ella.

El camino del cielo aparenta ser suave, la purga es medianamente intensa, pero las visiones y las sensaciones son intensas. Aquí comienza a conocer la “abuela” o “madre” de la ayahuasca. Algunos indígenas sostienen que los hace escoger o les hace ver cuál cualidad desarrollarán. La experiencia parece disfrazarse de serpiente, de reptil, de animal de poder y tragarse la realidad, en este caso a nosotros, para dar un paseo por la transformación y las sanación de algunos aspectos internos. Y una vez más seremos capaces de contactar con nuestros mitos íntimos en funcionamiento, aquello que nos explica de la manera más íntima. EL DMT contenido en esta planta actúa como una carroza química que sitúa a la consciencia en otro estado, conduciéndolo a una puerta tridimensional que crea o descubre una nueva realidad. Pareciera que podemos ver diferentes niveles o dimensiones de esa realidad. Emerge ante nuestra consciencia y a través de ella, cosa que percibimos, una realidad o una dimensión diferente de la realidad conocida y al vivirla se transforman en una historia mítica individual y propia. Y de allí se trabajan las potenciales representaciones heredades, los arquetipos, en su espacio más íntimo.

Como todo sueño, después de la experiencia con la ayahuasca o soga del alma, se necesita decantar la nueva re-estructuración y sus positivos encuentros y su nivel de sanación, cosa que puede tomarle tiempo a nuestra consciencia en procesar. Una experiencia transformadora necesita también pasar por un proceso, previo y después, cosa que nuestra sociedad y nosotros como parte de ella, nos cuesta aceptar.

Ben

Medico Homeópata Naturópata, MTC, Honoris Causa OMSP-UNESCO. Escritor y Guionista.

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